El conjunto de productos que conforman la tradicional compra de fin de año aumentó más que la inflación. Ventas estancadas y sensación de cambio cultural forzoso.

En los comercios de barrio el panorama de fin de año cambió drásticamente. Hasta hace poco tiempo la oferta de productos navideños empezaba en noviembre con los panes dulces y otras confituras típicas de las fiestas renovando los salones de todo el país.

Este año la festividad fue alcanzada por el derrumbe generalizado del consumo, que se explica, en parte, por los aumentos de precios y la pérdida del poder adquisitivo del salario y otros tipos de ingresos familiares; pero también por el achicamiento de los bolsillos a fuerza de aumentos constantes de los servicios públicos.

El cuadro se completa con un aumento de la canasta, que este año se consigue un 36% más cara que en 2024, según el relevamiento de la entidad Consumidores Libres, que sigue una lista de 24 productos seleccionados.

El estudio también relevó las canastas que ofrecen los comercios de grandes superficies, con valores que aumentaron entre el 20% y el 45%.

La canasta navideña de Consumidores Libres es resultado de un promedio entre productos con aumentos siderales, como las avellanas con cáscara, que subieron 94%, y el asado, que se encareció el 83% en un año; y otros productos que incrementos cercanos al 50%, como las almendras; y el pan dulce de primera marca, que cuesta 39% más que hace un año.

De esa manera, la canasta pasó de costar en diciembre de 2024 unos $133.165 a venderse este año por $180.967. La variación exacta es de un 35,9% privativo relacionado con el salario mínimo argentino, que no llega a $335 mil.

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